lunes, 10 de septiembre de 2007

En este primer día de textos no quiero olvidar el recuerdo a uno de los grandes. Una de esas voces que emocionan de verdad. Como bién decía él, sabía que tenía un regalo de Dios y quiso aprovecharlo y vaya si lo hizo. Lo descubrí en una versión de "Un ballo In Maschera", haciendo el D. Riccardo con Abbado en el atril. Desde ese momento ya fuí rendido a ese timbre claro, transparente y único. Hasta siempre.

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